No hace mucho tiempo, estaba dando un paseo en bici por la Casa de Campo de Madrid. Más bien trataba de ganar algo de de vigor, y para ello apretaba los pies a los pedales hasta sentir presión sobre todos los músculos de las piernas.

     Al llegar a mitad una cuesta terrible mi musculatura flaqueó y noté que temblaban mis brazos; mi pedaleo voluntarioso se venía abajo, por más que me levantaba y movía la bicicleta de un lado a otro, cadereando lentamente para poder continuar. Antes de poner pie a tierra completamente entregado, un hombre no muy mayor que allí se encontraba me espetó en voz alta...

      -Es mala la cuesta ¿Eh?.. Unos son capaces de subirla y otros no.

     Aquel comentario me desalentó y, por más que pretendí llevarle la contraria al hombre, sucumbí al asfalto calcinante y apoyé el ingenio en un árbol mientras jadeaba secándome el sudor; estaba derrotado.

     Yo no quería ser de los que "no son capaces de subirla", y ahí estaba, en la cuneta de los perdedores, mientras otros ciclistas me rebasaban camino de la cima.

     No traté de seguir mi camino a la cumbre. Después de refrescarme y descansar unos minutos la emprendí camino abajo, por el lugar más sencillo hasta llegar al primer repecho donde volví a pararme para estirar prepararme a subir de nuevo. Prefería dos derrotas seguidas que dejar de luchar.

     No fue sencillo, las piernas me dolían y sólo pensaba en volver a casa y darme una ducha. Aquel artefacto cada vez pesaba más y ya no sabía si sentarme en el sillín, levantarme, cambia de piñón, de corona... Pero seguí, muy despacio, a veces casi a punto de parar en seco. Pero seguí, seguí sin fuerzas y sin ganas pero seguí y seguí.

     Aquel hombre oráculo volvió a hablarme, ahora sentado sobre un hito de la maltrecha pista, mientras me retorcía sobre la bici apretando los pies,,,

     -Ahora es usted de los que la sube.-Gritó sonriente. 

     Le sonreí apurando el poco sodio que debía quedare en el cerebro y seguí tres pedaladas más hasta que el sendero se tornó llano y pude relajar las piernas. El hombre, ya a unos metros, levantó los brazos en señal no sé si de victoria o de bienvenida al mundo de los que suben las cuestas.

TEMAS DE AUTOAYUDA

Original de Luis Folgado. Psicólogos Especialistas Madrid 

Rigor en el tratamiento de la depresión y el duelo